El
biohuerto
I - La transformación del
espacio
Víctor D. Corcuera Cueva
Hace
ya más de un año que arribamos a Tulle, ciudad capital del departamento de la
Corrèze, Nueva-Aquitania, Francia. La adaptación, social y cultural, ha estado
acompañado del descubrimiento geográfico y los sucesos históricos que han
marcado a sus habitantes. Es en este proceso que nos hemos percatado de las
múltiples similitudes de este país con nuestra patria peruana. Y es en este
contexto que hemos empezado a cultivar nuestro jardín, el cual es a la vez huerto
y espacio de reflexión.
La ciudad de Tulle, un poco de historia
Nuestra
actual residencia está ubicada en el núcleo fundacional de la ciudad, en la
zona de confluencia de los ríos Solane y Corrèze, en las faldas del Puy Saint-Clair. De acuerdo con los
especialistas el nombre de la ciudad proviene del culto a la diosa romana
Tutelle[1] -característica de los
pueblos dominados por el imperio romano y que habrían utilizado simbólicamente para
protegerse frente a las invasiones germánicas-. Aunque es muy probable que,
particularmente en Tulle, el culto a Tutela sea el resultado de un sincretismo
religioso vinculado a una antigua divinidad originaria de las fuentes de agua[2]. Desde entonces la ciudad
se convertiría en un lugar de devoción, de culto y peregrinación.
Confluencia de la Solane y la Corrèze,
actualmente Plaza Emilie Zola (© Archivo departamental de la Corrèze).
Los
investigadores afirman que al final del imperio romano se habría edificado un Castrum en lo que posteriormente sería
el recinto del Castillo de Tulle, centro de la ciudad durante el periodo
medieval[3]. Posteriormente, entre los
siglos XII y XIII[4],
diferentes barrios fueron desarrollándose alrededor del recinto fundacional: La Barrière, el de Trech, la Barrussie, de
la Rivière, y del Alverge; todos estos protegidos por un
cinturón de murallas. En el presente, de las 14 torres que formaban el cinturón,
solo quedan 6, las cuales han sido restauradas a partir de los años 70.
Calle Riche, antiguas residencias de
comerciantes y burgueses locales.
La
historia de Tulle va más allá del periodo medieval, su dinamismo económico
alcanzó un gran apogeo en 1917 cuando la fábrica de armas logró contar con casi
cinco mil empleados, casi el tercio de la población de la ciudad (17 mil
habitantes)[5].
Uno
de los capítulos más dramáticos de la ciudad de Tulle está vinculado a los
conflictos bélicos del siglo pasado. Diferentes episodios continúan presentes
en la memoria colectiva. No es mi intención por ahora de ahondar en el tema
que, sin duda, será tratado en otra crónica.
Por
otro lado, Tulle contó con la primera fábrica francesa de acordeones, Tulle es
la capital del acordeón en Francia. Aparentemente, para el 2023, se estaría
inaugurando el Museo del Acordeón, un proyecto municipal de alta envergadura.
La cité del acordeón
De acuerdo a los datos históricos, y de registro catastral, el trazo del entorno de nuestra residencia dataría de la época medieval. La revitalización de las estructuras se ha adaptado a las nuevas necesidades haciendo de este inmueble un espacio residencial. El acceso secundario colinda con un impase de 20 m de largo por 1.5 m de ancho, exactamente a los pies de la Tour de Maïsse.
Las plantas silvestres.
El
impasse, de acuerdo a la versión de nuestros vecinos, ha estado abandonado por
casi 40 años. El estado de conservación era deplorable, colmatado de plantas
silvestres y desechos domésticos. Aparentemente, para todos los locatarios que
nos han precedido, este lugar no tenía ningún valor.
Sin
embargo, la exuberancia de plantas de ortiga fue para nosotros un indicador de
la calidad del suelo, muy rico en nitrógeno.
Desde nuestra primera intervención decidimos conservar algunos ejemplares de la flora silvestre. Al inicio, a excepción de la ortiga, desconocíamos el nombre de estas plantas, pero ya con el tiempo descubrimos, por ejemplo, la presencia de Chelidonium majus L.; Cymbalaria muralis; Taraxacum officinale; Phytolacca americana L.; Urtica dioica L.; Hedera hélix L.; Asplenium alatum Humb. & Bonpl. ex wild.; Selaginella kraussiana; Hedera hélix L. -entre otras-.
Cymbalaria muralis
Taraxacum
officinale
Urtica
dioica L.
Asplenium
alatum Humb. & Bonpl. ex wild.
Selaginella
kraussiana
Phytolacca
americana L.
La transformación del
espacio.
Como
se ha indicado líneas arriba, el descubrimiento de estas plantas ha sido
durante el proceso de transformación. Haberlas conservado permitió que los
polinizadores continuaran su labor.
Eran
los días finales del mes de abril del 2019, o sea, en plena primavera boreal que
iniciamos la transformación del espacio. Durante la limpieza hallamos residuos
sólidos (fragmentos de botellas de vidrio y cuencos de plástico) así como
también las huellas contundentes de ser la letrina de animales domésticos y
errantes.
La
limpieza se prolongó hasta la primera semana del mes de mayo. La capa
superficial del suelo contenía una buena cantidad de fragmentos de botellas de
vidrio (un total de 5 baldes de 4L). En menor cantidad hallamos canto rodado,
piedras angulares y restos de tejas de pizarra.
Dos semanas después,
colocamos las baldosas de madera en el área no-verde, o sea, el lugar para el apéro (aperitivo), inmediatamente a esta plataforma se colocaron las cantos rodados
y piedras angulares a manera de quita-barro
El área del apéro
La otra mitad
del impasse, destinada a ser el área verde, fue aireada y oxigenada. En este
sector que en un primer momento sembramos césped, luego implementamos el
espacio con macetas; lo cual ya forma parte del segundo capítulo de esta
historia.
Preparación del área verde.
Primera parte del espacio transformado
[1] BELSER, C. (2007). Tulle il y a 100 ans en cartes postales anciennes. pp. 12
[2] PLANTADIS, J. (1913). Historie de Tulle. pp. 16-19.
[3] PERRIER A. (1936). Tulle. Etude de géographie urbaine et géographie urbaine et d'archéologie. En: Revue géographique des Pyrénées et du Sud-Ouest, tomo 9, fasciculo 3. pp. 304-306
[4] CDDP de la Corrèze (1992). Tulle, un site, une histoire, un patrimoine. pp. 22
[5] CDDP de la Corrèze (1992). Tulle, un site, une histoire, un patrimoine. pp. 34
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